Anna Netrebko (Elvira), Eric Cutler (Arturo), Franco Vassallo (Riccardo), John Relyea (Giorgio), Maria Zifchak (Enrichetta), Valerian Ruminski (Gualtiero), Eduardo Valdes (Bruno)
Metropolitan Opera Orchestra, Chorus and Ballet
Enregistré au Metropolitan Opera de New York, 6 janvier 2007
Como toda actividad profesional que se precie, cantar
profesionalmente lleva consigo un sacrificio enorme; interminables horas de
estudio, cuidado exquisito de la voz, horas de vocalización, de estudio de las
partituras, ensayos, viajes, soledad, cansancio.....Nada de esto es
trascendente al espectador que se sienta en su butaca dispuesto a disfrutar de
dos horas, o más, de su afición favorita. ¿Se pregunta alguna vez los espectadores
, si los cantantes sufren en escena?. El 90% no. Se lo aseguro. Es más, el 80%
padecen de sordera crónica inaudita, que puede ser del 99% si el teatro es el
"Met" donde no detectan si el cantante está cantando lo que pone en
la partitura o se lo está inventando, directamente.
Sin embargo existe algún teatro donde cierta parte
localizada del público, léase "gallinero", no pasan ni una coma fuera
de tono. ¿Exageran? A mí me parece que no. Una cosa es tener un mal día. Y otra
salir a escena con unos defectos técnicos de caballo, que unido a unas
facultades mediocres, hacen
irreconocible una partitura hasta llegar al punto, como el Maestro Rossini, de
preguntarnos ¿Quién es el autor de esto???
Pero los únicos culpables de la "estocada en todo lo
alto" a la obra no son los cantantes. No. Cuando no es el coro, es el
Director musical el que pide el "Verduguillo" para el descabello
final de la sufrida obra. Además juegan con la ventaja de que el autor está
muerto. De otra manera es probable que las funciones se contaran por
homicidios, plenamente justificados. Ningún juez los condenaría.
Todo esto viene a cuento de los espantosos
"Puritanos" que la cadena "Mezzo" nos ofreció el martes 5
de junio. ¿Quien estuvo peor? Es difícil de decir. Tan solo salvó su parte con
cierta dignidad, pero dejando claro que en absoluto era soprano
"BelCantista" (Y digo "era" porque ya no está para nada)
Anna Netrebko. Fue la única que no pareció sufrir sobre el escenario. Y eso que
los sobreagudos tenían ese "halo" quebradizo que acompaña
inevitablemente a una nota extrema mal recogida. No estaba gritada, pero se
adivinaba que más pronto o más tarde le iba a ser imposible dar esa misma nota.
Con todo, se dejaba escuchar, que es de lo que se trata, porque si nos
referimos a sus cualidades dramáticas es mejor que las obviemos.
El sufrimiento lo padecimos con el resto, incluidos orquesta
y coro. La sensación de estar acompañados por "el tío Honorio" era latente durante toda la
obra. El director musical nunca acertó con la lectura de la obra, ni con los
tiempos, ni con la dirección en conjunto. No pocas ocasiones los cantantes, o
la orquesta, iban por libre, formando un conjunto disarmónico desagradable al
oído.
Con respecto al coro, la parte femenina constaba de varios
elementos que pensaban que no se les oía suficiente. Y sí que se les oía, sí.
Cuando este tipo de "corista-solista" se te instala en una función
date por muerto. Porque en la opera
Murphy existe. Y dicha "vocecita" suele ser el timbre más feo,
antimusical y estridente del conjunto. La parte masculina del coro, sin ser
nada del otro mundo, al menos no estropeaban nada más.
¿Y Arturo? La salida a escena sin el velo, que lo llevaban
unos "propios", llamó la atención con un centro áfono pero engolado
que daba falsa sensación de anchura. Pero ¡Ay amigo! En cuanto llego al pasaje,
el "Demonio de Tasmania" dio pase como por arte de magia a "Piolín"
Y de la falsa anchura, pasamos al más real hilo de voz cercano al falsete.
Pocas veces he oído dos "colorines" tan acusados en tan pocas notas.
Eso sí; la emisión más real no ofreció ni el más mínimo asomo de musicalidad,
gusto, ni por supuesto, estilo belcantista. El buen hombre debía temer el
sobreagudo, como otrora habían temido la hoguera los infieles, y debía andar
buscando una posición donde atacar el reb4 lo más dignamente posible. Así que,
ni corto ni perezoso, paró, templó, respiró donde quiso, y entro a matar....a
los tímpanos de los espectadores. Como en ese momento en el "Met" se
estaba celebrando el XXX Congreso de "daño auditivo sobrevenido"
agradecieron con grandes muestras de entusiasmo la momentánea recuperación de
viejos tiempos....que nunca volverán si siguen escuchando a según qué
cantantes, pero esa terapia nadie se la ha comentado.
Tan contentos se quedaron que ya no hicieron esfuerzos para
"detectar" al resto del elenco que campaba por allí.
¿Que hice yo? Cambiar de cadena. No tuve arrestos para
escuchar el "Credeasi Misera" por ejemplo. Ya había tenido suficiente
de ver como el amigo Cutler en los momentos previos al reb4, con la mano cerca
de la garganta buscaba el mejor punto de ataque. Yo he vivido algún momento
como ese de no saber qué hacer con la voz, de temblar ante lo inevitable, de
apretar "donde la espalda pierde su honesto nombre" hasta el límite y
lanzarme a la piscina con un riesgo que ríase ud del "Balconing" ese,
al lado de ese momento que no quieres que llegue pero que todo el mundo espera,
pero yo lo hacía en clase con el maestro porque estaba aprendiendo. El gran
problema es que en la actualidad, menos uno o dos tenores que tienen los papeles
casi en regla técnicamente hablando, el cantante de turno destroza la línea de
canto la melodía, el fraseo y lo que se ponga por delante en cuanto que huelen
el fa3#... y ya no digamos cuando hay que atacar el sib3 o la zona del
sobreagudo.
Y ud´s se preguntarán, ¿Lo pasa mal el cantante? Lo pasa
horrible. Si el público se fijara en el lenguaje corporal se darían cuenta del
drama interno. No hace poco tuve la ocasión de ver en video un
"Fausto" perpetrado por Roberto Alagna. El tremendo esfuerzo para cantar
el "Salut ! Demeure chaste et pure" se palpaba en cada nota, pero al
atacar el do4, Roberto se apoyó en uno de los muebles del decorado y sin mirar
al público atacó la nota. ¿El resultado? La voz, como si de un caracol se
tratara, se fue para adentro con un golpe que recordaba al sonido que hacen los
desatascadores de baño. Entretanto el cantante temblaba del terrorífico
esfuerzo de hacer sonar lo que en sí mismo estaba "capando". Su
problema era sujetar una nota que no puedes dejarla libre porque te quebraría
la emisión, pero al mismo tiempo que la amortiguas, quieres que la oiga todo el
teatro. Ríase ud de los trabajos de Hércules al lado de esto. Y esto lo vemos en el 90% de los tenores. Se
ponen de puntillas, dan saltitos, toman aire donde pueden, se agarran de la
pechera, miran fijamente a un punto, que no es la boca del escenario....todo lo
que a ustedes se les ocurra que habla de pánico, todo eso expresa el lenguaje
corporal del cantante.
¿Y qué dicen los incondicionales del cantante ante esto?
Pues nos hablan con la boca hecha agua, y con un grado de humedad del 100% en
su ropa interior, de la "expresividad", la "Capacidad
dramática" "De lo que trasmiten los gestos" del Alagna de turno.
De música ni noticias, claro. Esta nueva
moda de resaltar los gestitos de la cara o de los saltitos en escena, como la
nueva vara de medir de un cantante, provoca que el pobre desgraciado que
"sólo" CANTA y encima bien, se le critique ferozmente por su
"nula capacidad dramática". Y de música nada de nada, claro.
En breve la segunda parte.
1 comentario:
Hola jmponcela.
Si a esos Puritanos me refería, pero mas como ejemplo de lo que quería contar y quiero contar. Lo mal que lo pasa el cantante y lo mal que lo pasamos algunos espectadores que somos conscientes del calvario que está pasando encima del escenario. Por que pese al tono humoristico, creame que en algunos casos lo paso fatal escuchando según que cosas.
La opera está muerta por que no se dan oportunidades a gente joven. Estamos ante la dictadura de la agencia de cantantes, que es lo que en realidad está matando a lo poco que queda de la Opera.
Saludos cordiales
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