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miércoles, 28 de septiembre de 2016

Otello en el Real. Un drama sonado.

Madrid 27/09/2016

Teatro Real de Madrid: Otello de Giuseppe Verdi. 





Dramma lirico en cuatro actos

Música de Giuseppe Verdi (1813-1901)

Libreto de Arrigo Boito, basado en la obra de teatro Othello, or The Moor of Venice (1603) de William Shakespeare

Estrenada en el Teatro alla Scala de Milán, el 5 de febrero de 1887
Estrenada en el Teatro Real el 9 de octubre de 1890


Nueva producción del Teatro Real, en co-producción con la English National Opera y la Ópera Real de Estocolmo.

Ficha Artística:

Dirección musical: Renato Palumbo
Dirección de escena: David Alden
Escenografía y figurines: Jon Morrell
Iluminación: Adam Silverman
Coreografía: Maxine Braham
Dirección del coro: Andrés Máspero
Dirección del coro de niños: Ana González
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Otello: Gregory Kunde
Iago: George Petean
Cassio: Alexey Dolgov
Roderigo: Vicenç Esteve
Ludovico: Fernando Radó
Desdemona: Ermonela Jaho
Montano y Un heraldo: Isaac Galán
Emilia: Gemma Coma-Alabert




Una sensación agridulce. 

Camino de casa, después de haber asistido al Otello verdiano que por estos días se representa en el Teatro Real, se revolvían dentro de mi dos sentimientos encontrados; la alegría de haber podido asistir a la representación de una ópera que su dificultad hurta de las temporadas de los teatros, y por otro lado la desazón de constatar que verdaderos intérpretes para esta ópera hoy en día no existen. La sensación de haber asistido a un Otello a medias, donde las notas del maestro Verdi estaban presentes, así como el libreto, pero donde faltaba todo lo demás: una puesta en escena absurda. Una lectura musical plana, aburrida, ejecutada con un volumen disparatado, y unos cantantes que ciertamente, cumplieron con la parte musical, pero que junto con la orquesta no nos contaron la historia. 


Dirección musical.

La parte positiva de la dirección musical es que quizá estemos ante una de las mejores interpretaciones de la orquesta del Teatro Real, de la que no soy un "fan" precisamente. Pero sonó muy bien y es justo reconocerlo. En la parte negativa tenemos una lectura musical alejada de la historia en los dos primeros actos de la partitura: justo donde se está cociendo la tragedia. Diría que opta por compensar la falta de pulso dramático (sus "tempos" son soporíferos ) con un volumen desmesurado. ¿Se imaginan una orquesta donde los metales ahogaran el sonido del resto de los instrumentos? pues eso es lo que hace Palumbo. Ahogar las voces de los cantantes, ¡un instrumento más dentro del conjunto! en aras de una característica que debería obtenerse en la interpretación, no en el volumen. Y cuando digo que ahoga las voces no me refiero solo a algún comprimario inaudible, me refiero a que llega a tapar al coro cantando en "Forte" o "Fortissimo" que ya es montar escándalo. 

Aunque el volumen no decrece en el tercer acto, menos aún con la salida del coro a escena cuando llega la delegación de Venecia, parece que Palumbo encuentra la forma de contarnos la ya mas que evidente locura de Otello. 

¿Y la parte escénica?

Pues un disparate, como últimamente presenciamos cada vez que vamos al teatro. Los directores de escena siguen empeñados en montar puestas en escena que no aportan nada a la historia y a veces, lo que es peor, terminan por desconcertar a los cantantes que no encuentran la forma de modelar a sus personajes, de adecuar la música a la exigencia escénica. Y en este punto me pregunto si esa debilidad de los cantantes de esta función de contarnos la historia, de hacer creíbles sus personajes, se debe a las características de sus voces, que claramente no son las más adecuadas, o se debe a exigencias de la dirección escénica además de la lucha con el volumen de la orquesta y la lectura musical. 



Lo que nos cuentan en esta versión de Otello

Una historia donde un hombre normal termina perdiendo el sentido común ante una trama hábilmente urdida por un personaje enojado por lo que el considera que es una afrenta. 

Lo que la historia y la música a mi me dicen.

El propio Verdi se refiere a Otello con estas palabras "aúlla ...feroz como un salvaje" Y esa es la imagen que me ofrece Otello desde el principio. El propio "Esultate" no puedo concebirlo sin pensar en el personaje con los ojos hinchados en sangre.




Es decir: Otello ya está muy tocado psicologicamente desde el principio.  Y el resultado final no es más que la explosión de las patologías e inseguridades que el personaje ya lleva consigo. Y la vía para conseguirlo son los celos. Iago ya sabe que su jefe no está bien de la cabeza. Su trama es vil, pero juega con cartas marcadas: sabe de sobra el camino que tiene que seguir para hacer reventar a Otello y en realidad le resulta fácil hacerlo. ¿Pero por qué? porque el propio Iago tampoco está bien de la cabeza. Su locura la encamina mediante una maldad infinita: no vacila en intentar acabar con tres personas por odio a una sola: A Otello. Iago es un personaje temible: da miedo. Y nada de esto se ve reflejado en la versión del Teatro Real que nos ofrece una versión muy simplista de la historia. 

Los cantantes

Gregory Kunde es el encargado en este reparto de dar vida al "Moro de Venecia" Su principal defecto es que carece de una zona central ancha: No hay graves y en Otello es un serio handicap por que es aquí donde canta el personaje. Resuelve las partes de extrema dificultad con solvencia: Una zona de paso sólida como una roca y unos agudos potentes y timbrados, pero con poco metal: La construcción de su personaje es la de un hombre atrapado en una red externa, cuando en realidad es prisionero de sus propios traumas, de su inseguridad en si mismo: pero esto no lo refleja: El verdadero drama asoma en el cuarto acto cuando aparece en la habitación de Desdémona. Pero no antes. Y esto lastra una actuación dulce por un lado, porque técnicamente es el sueño de cualquier tenor su manejo del paso y los agudos, y agria por otro, por no construir adecuadamente al personaje central.



George Petean da vida a Iago. Es el menos creíble de los personajes. Es un barítono lírico de escasos graves y demasiado engolado en la zona central. No consigue transmitir nunca la maldad del personaje ya que su canto es monótono. No le observé matices de ningún tipo y eso es otro grave hándicap para la obra al no dotarla del veneno que necesita. Valiente en los ataques a la zona alta, no le da miedo enfrentarse a la orquesta y eso le da valor a su interpretación. Pero desde luego no es un barítono adecuado para cantar Verdi. 

Ermonela Jaho da vida a Desdémona. Su mejor momento sin duda lo encontramos en la Canción del Sauce, seguido del Ave maría donde consigue una interpretación emocionante: sabe jugar con los pianos y las medias voces, pero me dio la sensación de ir algo falta de fiato. Por la zona alta la voz se le descontrola supongo que por la necesidad de luchar contra el excesivo volumen orquestal y su interpretación del personaje es quizás la más creíble.

Alexey Dolgov da vida a Cassio. Su principal problema es un timbre poco agraciado. Por lo demás su voz es potente, más de lo que un comprimario suele tener, con una buena resolución de la zona de paso.

Gemma Coma-Alabert Como Emilia: Buena actuación.

Notable el desempeño del coro intermezzo.

Apertil








sábado, 17 de agosto de 2013

Don Carlo en Salzburgo, O el manual del perfecto "Verdicidio"

                                   Salzburg Festival 



Festival de Salzburgo. Viernes 16 de Agosto de 2013

Antonio Pappano conductor
Peter Stein stage director
Ferdinand Wögerbauer set designer
Annamaria Heinreich costume designer
Joachim Barth lightings
Lia Tsolaki choreography
Jörn Hinnerk Andresen chorus master

Cast:

Matti Salminen (Flilppo II)
Jonas Kaufmann (Don Carlo)
Anja Harteros (Elisabetta di Valois)
Thomas Hampson (Rodrigo, Marchese di Posa)
Ekaterina Semenchuk (La Principessa Eboli)
Eric Halfvarson (Il Grande Inquisitore)
Robert Lloyd (Un frate)
Maria Celeng (Tebaldo)
Sen Guo (Una voce dal cielo)
Benjamin Bernheim (Il Conte di Lerma/Un Araldo reale)
Members of the Young Singers Project (Sei deputati fiamminghi)
Concert Association of the Vienna State Opera Chorus
Wiener Philharmoniker
Agnes Méth movie director


"Don Carlos" creo que ya lo he comentado alguna vez, es mi ópera favorita. Sin discusión. Por eso cuando anunciaron la retransmisión de la misma, me negué a verla. Presagiaba el desastre. Pero a mi mujer le podía el morbo, y al final, para mi desgracia, la he tenido que escuchar.

He escuchado muchas, pero muchas, versiones del "Don Carlos" y esta merece un puesto en el "Top Ten" de asesinatos Verdianos. Me pregunto si le están homenajeando, o si de verdad lo que están haciendo es desprestigiarle adrede. Por que peor, no se puede cantar.

No se sabe lo que están cantando. 

Es vergonzoso : problemas de pronunciación, problemas de afinación, cantar fuera de estilo, hubo mas de un momento en que nos preguntábamos "¿Qué ópera están cantando?"¿Quien es el autor de eso?" Verdi no aparece por ningún lado. NADIE fue capaz de dotar de dinámicas a su canto, el que mas y el que menos, bastante tenía con luchar con sus problemas técnicos, como para buscar filigranas. Es la tónica general en cuanto nos metemos con algún título importante. No se canta Verdi. Se ladra Verdi.

Los que perpetraron el asesinato. 

Kauffman (Don Carlo): Una voz falsamente timbrada en la creencia y el engaño de poder cantar un repertorio que le es ajeno. No hay cambios: La Voz incrustada en los resonadores faciales: mantiene una emisión altísima, gutural, nasal para imitar un centro que no tiene, pero no para proyectar la voz.

La subida al pasaje y al agudo es un dolor: Una voz en falsete, enblanquecida, de sonido lloroso: Una voz abierta que necesita ser emitida en forte para librarla de una nasalidad que la invade en cuanto no canta en forte o fortísimo. Además no es un agudo rotundo: Pese al esfuerzo la voz no corre, se le queda atrás en la garganta con un extraño vibrato que presagia un rompimiento que cada vez que sube,  se anuncia, pero no llega, afortunadamente; Por que el día que llegue se hablará de él, mas que del famoso "Gallo " de Gedda en El "Liceo" de Barcelona.

Musicalmente Kauffman no posee ni una sola dinámica, ni un solo matiz, el suyo es un canto lineal monótono: no hay emociones: Continuamente cae en desafinaciones, algunas vergonzosamente clamorosas, impropias de un profesional, siendo mas notorias  en la zona del paso. Pero el marketing es el marketing, y gracias a eso sobrevive. Para el que se lo quiera tragar, ahí tienen un pseudo-tenor, que puede cometer la tropelía que haga falta.

Thomas Hampson (Rodrigo, Marchese di Posa): Penoso. Simple y llanamente penoso. El peor del reparto. No es que no sea una voz adecuada para el  "Marchese di Posa". Es que carece de cualquier  timbre no ya Verdiano, sino minimamente baritonal; un centro blanquecino, una subida al agudo abierta, de manera que como no existe el más mínimo atisbo de proyección, se ve obligado a gritar de manera desaforada, lo que  le lleva a perder el poco brillo baritonal que le pudiera quedar. Es el peor "Posa" de largo de hace muchos años: Suponiendo que fuera el "Posa"  de Verdi lo que estaba cantando, tal es el número de desatinos, desafinaciones y alaridos que nos dejó la criatura. La escena que mas aplaudí fue cuando en la cárcel le pegan un tiro. Tardaron demasiado, en mi opinión. El silencio mas absoluto fue el premio a su interpretación de "Son io, mio Carlo”, “Per me giunto è il dì supremo” y “Io morrò, ma lieto in core " Algo casi imposible dada la belleza de la composición. Creo que ni el mismísimo Hvorostovsky lo ha conseguido y mira que hace méritos para ello.

Y para terminar iba decir que es un  un barítono para hacer "Figaros" Mozartianos. Pero rectifico. El pobre Mozart no se merece esto. Ni los posibles y sufridos espectadores tampoco.

Anja Harteros (Elisabetta di Valois): Mientras se mantiene en la zona central es capaz de matizar algo y mostrar parte de lo que se supone fue su instrumento original. Los problemas comienzan en cuanto sube al agudo. La voz se abre perdiendo el timbre y color del centro para tornarse en un timbre desabrido y blanquecino, necesitando de la emisión en "forte" de forma constante.  Esto se paga  caro: Todo el esfuerzo centrado en la emisión motiva que  la afinación, sobre todo en la zona alta, deje bastante que desear. Conforme pasaba la representación pasaba del "forte al "mezzo-forte" castigándonos los oídos con sonidos completamente alejados de la nota que debería dar.

Ekaterina Semenchuk (La Principessa Eboli) Siendo una voz de "Mezzo", "De natura", Tiene un punto de engolamiento muy molesto que le resta naturalidad. Es una fea costumbre entre los cantantes: Buscar en la "gola" notas graves que no tienen. La zona alta se presenta un poco descontrolada, quizá buscando el carácter del personaje, que la lleva a excesos poco aconsejables. Salvó de forma digna la difícil aria del "O don Fatale", pero con la característica antes mencionada. Quizás lo mejor del reparto, aunque no me entusiasmó.

Matti Salminen (Filippo II) La edad no pasa en balde. Mientras canta a media voz todavía puede controlar su instrumento. En cuanto quiere darle vehemencia la voz suena  cascada, prácticamente rota; Pierde por completo la musicalidad si quiere mantener una emisión baja.

La escena de la Inquisición presagiaba una "ella giammai m'amo" del siguiente acto de espanto. El comienzo del aria, fue una lucha constante contra su garganta, viéndose obligado a portamentar todos los pasos al agudo que empezó quebrándose. Conforme avanzaba en el aria, Salminen, empezaba a controlar la voz , logrando ligar casi todo el aria a base de quitarle peso a la voz, es cierto, pero pudo salvar la subida al agudo de forma notable. No sé si no me desagradó por que me temía lo peor, o por que fue digno de verdad. En cualquier caso respiré aliviado. También puedo decir, que en la escena con el inquisidor fue el que de verdad mereció la pena. Al menos cantó con cierta dignidad. Su mejor frase fue: "Ah, la pieta' d'adultera consorte!". De menos a más, dentro de sus limitaciones al final dejó una sensación mas o menos buena.

Del Inquisidor no voy a  hablar, como tampoco del "Frate".  Son "De vergogna"  como acertadamente alguien del público gritó antes del comienzo del  IV acto. Impresentables, voces lamentables, técnica inexistente. Es inconcebible que en un teatro medio serio se contrate a estos dos tipos.

Solo podemos salvar, y siendo generosos, la dirección musical, que no pasará a la historia. Correcta, sin más.

El coro, flojo, y dentro de ello la parte de los tenores se lleva el premio a la peor cuerda del coro.



La puesta en escena muy sobria, pero correcta, ya que conecta perfectamente con el gusto de "Los Austrias": una decoración austera, sin el lujo que mas tarde exhibieron los Borbones. El despacho del rey mostraba los mismos azulejos que a día de hoy podemos encontrar en el dormitorio de Felipe II en "El Escorial". Un detalle que sin duda se les escapará a muchos., pero que a mí, personalmente, me deja un buen sabor de boca.

La versión representada es la traducción al italiano en cinco actos de la versión original estrenada en Francés, en la que se ha cortado el Ballet.

Y por último una reflexión. La Opera no puede seguir sostenida por el marketing. Mantener y encumbrar a espantosos cantantes como Hampson o Kaufmann solo por que la imagen les acompaña y altera las naturalezas de ellos y ellas es un cáncer que urgentemente hay que erradicar. Por que la ópera se nos muere. Simple y llanamente. Luego a los verdaderos profesionales se los machaca, solo por que no tienen la suerte de ser tan apolíneos como estos dos. La opera debe pertenecer a los cantantes de verdad. Los Hampson o Kaufmann no tienen sitio en la opera. De ninguna manera. Por mucho que les moleste a algunos.