viernes, 8 de junio de 2012

El sufrimiento en la Opera (I)

"Los puritanos" Vincenzo Bellini
Anna Netrebko (Elvira), Eric Cutler (Arturo), Franco Vassallo (Riccardo), John Relyea (Giorgio), Maria Zifchak (Enrichetta), Valerian Ruminski (Gualtiero), Eduardo Valdes (Bruno)
Metropolitan Opera Orchestra, Chorus and Ballet
Enregistré au Metropolitan Opera de New York, 6 janvier 2007

Como toda actividad profesional que se precie, cantar profesionalmente lleva consigo un sacrificio enorme; interminables horas de estudio, cuidado exquisito de la voz, horas de vocalización, de estudio de las partituras, ensayos, viajes, soledad, cansancio.....Nada de esto es trascendente al espectador que se sienta en su butaca dispuesto a disfrutar de dos horas, o más, de su afición favorita. ¿Se pregunta alguna vez los espectadores , si los cantantes sufren en escena?. El 90% no. Se lo aseguro. Es más, el 80% padecen de sordera crónica inaudita, que puede ser del 99% si el teatro es el "Met" donde no detectan si el cantante está cantando lo que pone en la partitura o se lo está inventando, directamente.

Sin embargo existe algún teatro donde cierta parte localizada del público, léase "gallinero", no pasan ni una coma fuera de tono. ¿Exageran? A mí me parece que no. Una cosa es tener un mal día. Y otra salir a escena con unos defectos técnicos de caballo, que unido a unas facultades mediocres,  hacen irreconocible una partitura hasta llegar al punto, como el Maestro Rossini, de preguntarnos ¿Quién es el autor de esto???



Pero los únicos culpables de la "estocada en todo lo alto" a la obra no son los cantantes. No. Cuando no es el coro, es el Director musical el que pide el "Verduguillo" para el descabello final de la sufrida obra. Además juegan con la ventaja de que el autor está muerto. De otra manera es probable que las funciones se contaran por homicidios, plenamente justificados. Ningún juez los condenaría.

Todo esto viene a cuento de los espantosos "Puritanos" que la cadena "Mezzo" nos ofreció el martes 5 de junio. ¿Quien estuvo peor? Es difícil de decir. Tan solo salvó su parte con cierta dignidad, pero dejando claro que en absoluto era soprano "BelCantista" (Y digo "era" porque ya no está para nada) Anna Netrebko. Fue la única que no pareció sufrir sobre el escenario. Y eso que los sobreagudos tenían ese "halo" quebradizo que acompaña inevitablemente a una nota extrema mal recogida. No estaba gritada, pero se adivinaba que más pronto o más tarde le iba a ser imposible dar esa misma nota. Con todo, se dejaba escuchar, que es de lo que se trata, porque si nos referimos a sus cualidades dramáticas es mejor que las obviemos.

El sufrimiento lo padecimos con el resto, incluidos orquesta y coro. La sensación de estar acompañados por "el  tío Honorio" era latente durante toda la obra. El director musical nunca acertó con la lectura de la obra, ni con los tiempos, ni con la dirección en conjunto. No pocas ocasiones los cantantes, o la orquesta, iban por libre, formando un conjunto disarmónico desagradable al oído.

Con respecto al coro, la parte femenina constaba de varios elementos que pensaban que no se les oía suficiente. Y sí que se les oía, sí. Cuando este tipo de "corista-solista" se te instala en una función date por muerto. Porque  en la opera Murphy existe. Y dicha "vocecita" suele ser el timbre más feo, antimusical y estridente del conjunto. La parte masculina del coro, sin ser nada del otro mundo, al menos no estropeaban nada más.

¿Y Arturo? La salida a escena sin el velo, que lo llevaban unos "propios", llamó la atención con un centro áfono pero engolado que daba falsa sensación de anchura. Pero ¡Ay amigo! En cuanto llego al pasaje, el "Demonio de Tasmania" dio pase como por arte de magia a "Piolín" Y de la falsa anchura, pasamos al más real hilo de voz cercano al falsete. Pocas veces he oído dos "colorines" tan acusados en tan pocas notas. Eso sí; la emisión más real no ofreció ni el más mínimo asomo de musicalidad, gusto, ni por supuesto, estilo belcantista. El buen hombre debía temer el sobreagudo, como otrora habían temido la hoguera los infieles, y debía andar buscando una posición donde atacar el reb4 lo más dignamente posible. Así que, ni corto ni perezoso, paró, templó, respiró donde quiso, y entro a matar....a los tímpanos de los espectadores. Como en ese momento en el "Met" se estaba celebrando el XXX Congreso de "daño auditivo sobrevenido" agradecieron con grandes muestras de entusiasmo la momentánea recuperación de viejos tiempos....que nunca volverán si siguen escuchando a según qué cantantes, pero esa terapia nadie se la ha comentado.

Tan contentos se quedaron que ya no hicieron esfuerzos para "detectar" al resto del elenco que campaba por allí.

¿Que hice yo? Cambiar de cadena. No tuve arrestos para escuchar el "Credeasi Misera" por ejemplo. Ya había tenido suficiente de ver como el amigo Cutler en los momentos previos al reb4, con la mano cerca de la garganta buscaba el mejor punto de ataque. Yo he vivido algún momento como ese de no saber qué hacer con la voz, de temblar ante lo inevitable, de apretar "donde la espalda pierde su honesto nombre" hasta el límite y lanzarme a la piscina con un riesgo que ríase ud del "Balconing" ese, al lado de ese momento que no quieres que llegue pero que todo el mundo espera, pero yo lo hacía en clase con el maestro porque estaba aprendiendo. El gran problema es que en la actualidad, menos uno o dos tenores que tienen los papeles casi en regla técnicamente hablando, el cantante de turno destroza la línea de canto la melodía, el fraseo y lo que se ponga por delante en cuanto que huelen el fa3#... y ya no digamos cuando hay que atacar el sib3 o la zona del sobreagudo.

Y ud´s se preguntarán, ¿Lo pasa mal el cantante? Lo pasa horrible. Si el público se fijara en el lenguaje corporal se darían cuenta del drama interno. No hace poco tuve la ocasión de ver en video un "Fausto" perpetrado por Roberto Alagna. El tremendo esfuerzo para cantar el "Salut ! Demeure chaste et pure" se palpaba en cada nota, pero al atacar el do4, Roberto se apoyó en uno de los muebles del decorado y sin mirar al público atacó la nota. ¿El resultado? La voz, como si de un caracol se tratara, se fue para adentro con un golpe que recordaba al sonido que hacen los desatascadores de baño. Entretanto el cantante temblaba del terrorífico esfuerzo de hacer sonar lo que en sí mismo estaba "capando". Su problema era sujetar una nota que no puedes dejarla libre porque te quebraría la emisión, pero al mismo tiempo que la amortiguas, quieres que la oiga todo el teatro. Ríase ud de los trabajos de Hércules al lado de esto.  Y esto lo vemos en el 90% de los tenores. Se ponen de puntillas, dan saltitos, toman aire donde pueden, se agarran de la pechera, miran fijamente a un punto, que no es la boca del escenario....todo lo que a ustedes se les ocurra que habla de pánico, todo eso expresa el lenguaje corporal del cantante.

¿Y qué dicen los incondicionales del cantante ante esto? Pues nos hablan con la boca hecha agua, y con un grado de humedad del 100% en su ropa interior, de la "expresividad", la "Capacidad dramática" "De lo que trasmiten los gestos" del Alagna de turno. De música ni noticias, claro.  Esta nueva moda de resaltar los gestitos de la cara o de los saltitos en escena, como la nueva vara de medir de un cantante, provoca que el pobre desgraciado que "sólo" CANTA y encima bien, se le critique ferozmente por su "nula capacidad dramática". Y de música nada de nada, claro.

En breve la segunda parte.

martes, 27 de marzo de 2012

En defensa de los trabajadores del Teatro Real

Por su importancia, os remito al articulo publicado en "beckmesser"

Confusión cultural en las administraciones públicas

Y es que no hay derecho que se juegue con el pan y la vida de las personas que trabajan y sudan la gota gorda para llegar a final de mes. Mientras a los responsables, con sueldos mensuales que representan el sueldo anual de cada trabajador, no se les exige ninguna responsabilidad.

Si el actual gobierno tuviera un mínimo de coherencia, cesaría de forma fulminante a los responsables, les exigiría el dinero que no se ha cobrado, y se pondría al frente del coliseo madrileño a responsables bien formados que miraran por los espectadores y trabajadores, y no por sus veleidades personales. Y esto incluye al mayor derrochador del Teatro Real: El señor Mortier.

martes, 28 de febrero de 2012

Nuevo bis histórico de Celso Albelo



El lunes 27 de Febrero de 2012 será una fecha que el tenor canario no olvidará. A petición del público y tras insistentes aplausos tuvo que bisar, como ya ocurriera en "La Fenice", la popular aria "Una furtiva lagrima" y también como entonces, pasó a formar parte de la historia del teatro donde se ofrecía la función.

Al final, con el paso de los años, lo que quedará en el recuerdo son estas noches donde el público pidió que el tenor bisara un aria. Público que nunca lo había pedido y que con su entusiasmo vino a expresar que, ya en aquellos años tan tempranos de la carrera del tenor, ya veían un cantante de ópera encaminado a ofrecer muchas noches de deleite a los aficionados.

La importancia de este bis no hay que medirlo por su impacto mediático, tan sonoro en estos tiempos donde la información vuela, hay que medirlo por la aportación que se hace a la ópera tan necesitada de buenos cantantes, de esos que se forjan en la frágua del escenario, a golpes de sonidos inolvidables para aquellos que tienen la suerte de asistir a la función.

En estos tiempos que corren, donde la falta de voces resulta alarmante, donde las pocas voces con posibilidades salen a escena con unas taras técnicas de echarse a temblar, enfrentandose a repertorios absurdos para su tipo de voz, es cuando se necesita un referente en el que fijarse. Alguien a quien los jóvenes miren sabiendo que el trabajo, el estudio, la paciencia, la elección del repertorio adecuado, es el único camino.

En este mundo donde la imagen lo es todo, se corre el riesgo de pensar que la imagen que entra por la vista es la unica que cuenta para el triunfo. Error. Craso error. La verdadera imagen es la que se proyecta desde el escenario, donde los aficionados, de pié, piden al cantante que les vuelva a entusiasmar. Esa es la importancia del bis.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Quiero pensar

Quiero pensar que los nervios pueden jugar malas, muy malas pasadas. Quiero pensar que la presión de debutar en la Scala con un papel tan dificil, pero a la vez tan espectacular, se impuso a sus cualidades. Cualidades que yo he escuchado en directo, pero que ayer, 14 de Febrero de 2010, en la Scala deMilán, no las encontré por ningún sitio. Quiero pensar que el micrófono es un enemigo muy poderoso, tal como lo era para Don Alfredo, y nos impide escuchar lo que el directo nos ofrece. Quiero pensar que ayer los astros se alinearan en contra de casi todos, que el hecho de que en una ópera lo mas aplaudido sea el ballet no es mas que una anecdota de un siempre complicado estreno. Quiero pensarlo........Por eso hoy no hay crónica de una Aida en la Scala de Milán. Antes de eso intentaré, si logro encontrar radios en Internet que las ofrezcan, las restantes funciones de un cantante que tantas esperanzas me abrió el día que le escuché cantar en el Real.